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Después de años de duro trabajo, todo ese esfuerzo había dado sus frutos. Jareth era famoso en el mundo entero. No había ni una persona que no lo conociera, o que al menos no hubiera oído hablar de él. Ahora sí que lo tenía todo: dinero, fama, poder… ¡Oh si! Un poder inmenso que tenía al mundo en vilo.

Acarició el detonador con el dedo, y echó un último vistazo a las aterrorizadas personas que tenía secuestradas en ese edificio. Cerró los ojos y pulsó el botón con decisión.

Pero su chaleco no explotó.

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