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El acuerdo


Aún era pronto para anunciarlo, pero Gemma estaba tranquila por que sabía que lo había conseguido. Habían sido semanas de duras reuniones con los japoneses, muchas ofertas, documentos firmados, largos viajes... pero todo había salido a la perfección.

Ojeó el impreso que tenía en las manos y que confirmaba por fin el inicio de sus relaciones comerciales. Sólo faltaba su firma para que el acuerdo estuviera cerrado. Sacó su bolígrafo y lo apoyó en el papel con cuidado para dibujar su rúbrica. Cuando completó el trazo, el círculo se cerró.

En la otra punta del mundo, alguién sonrió con malicia. Otra nueva alma para su colección.

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Alquimia

Encontró el viejo libro dentro de un baúl en el desván abandonado. Nunca había visto nada parecido. No tenía título. La portada de piel estaba decorada por preciosas filigranas doradas. Lo abrió con cuidado y se maravilló por la cuidada caligrafía con la que estaba escrito. Eligió un párrafo cualquiera y leyó en voz alta. En la otra punta de la buhardilla, el gólem abrió los ojos.

Mal

El agente sujetaba con fuerza su arma mientras aguardaba el momento oportuno para entrar en el edificio. El corazón le palpitaba en la cabeza tan fuerte que era prácticamente lo único que escuchaba. De pronto vio como su compañero le hacia una seña, y sin pensárselo dos veces derribó la puerta de una patada. El subidón de adrenalina fue tan intenso que no le permitió percatarse de que algo iba mal: Mientras encañonaba a las figuras de ojos vacíos, a su espalda una presencia cruel, hostil y primigenia se relamía pensando en el exquisito momento que estaba a punto de disfrutar.

Pantallazo

Tecleaba compulsivamente como si sus ideas, claras en su mente, fueran a esfumarse en cualquier momento. Los comandos, las variables, los algoritmos: todo encajaba como un puzle perfecto.  De pronto la pantalla se congeló y su corazón dio un vuelco. Entonces un interrogante machacó su brillante cabeza: "¿Hacía cuanto que no guardaba?"