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La carta


A Rafa no le gustaba estudiar, eso era de frikis. Pero tampoco le hacía falta. Sus padres tenían tanto dinero que podían comprar cualquier cosa. Sí, cualquiera, hasta el título que necesitaba para acceder al puesto de trabajo en el que con sus apenas dieciocho años cumplidos cobraría un auténtico dineral.

El día que llegó la carta con el título, fue personalmente a Correos a recogerla, era lo mínimo que podía hacer para ganarse su puesto. No se molestó en abrir el sobre, lo llevó directamente a la oficina y se lo entregó a la secretaria.

—Tranquilo señor Ruiz, yo me encargo de entregársela al gerente. —le aseguró guardando el sobre cerrado.

Esa misma semana Rafa ya estaba disfrutando de su nuevo puesto.

En otra parte de la ciudad, un jubilado llamado Rafael Ruiz recibió por correo un titulo de Máster de dirección de empresas. Le extrañó, pues él lo que había pedido era un catálogo de productos ortopédicos.

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Alquimia

Encontró el viejo libro dentro de un baúl en el desván abandonado. Nunca había visto nada parecido. No tenía título. La portada de piel estaba decorada por preciosas filigranas doradas. Lo abrió con cuidado y se maravilló por la cuidada caligrafía con la que estaba escrito. Eligió un párrafo cualquiera y leyó en voz alta. En la otra punta de la buhardilla, el gólem abrió los ojos.

Mal

El agente sujetaba con fuerza su arma mientras aguardaba el momento oportuno para entrar en el edificio. El corazón le palpitaba en la cabeza tan fuerte que era prácticamente lo único que escuchaba. De pronto vio como su compañero le hacia una seña, y sin pensárselo dos veces derribó la puerta de una patada. El subidón de adrenalina fue tan intenso que no le permitió percatarse de que algo iba mal: Mientras encañonaba a las figuras de ojos vacíos, a su espalda una presencia cruel, hostil y primigenia se relamía pensando en el exquisito momento que estaba a punto de disfrutar.

Pantallazo

Tecleaba compulsivamente como si sus ideas, claras en su mente, fueran a esfumarse en cualquier momento. Los comandos, las variables, los algoritmos: todo encajaba como un puzle perfecto.  De pronto la pantalla se congeló y su corazón dio un vuelco. Entonces un interrogante machacó su brillante cabeza: "¿Hacía cuanto que no guardaba?"