
Un pobre hombre con aspecto cansado y ataviado con un mono sucio de trabajo se levantó ofreciéndole su asiento.
Ella ni se lo agradeció. Era su obligación el servir a un ser superior.
Un microtrance es un viaje, un momento. Una bocanada de inspiración. Una pequeña historia que sale de su escondite y muestra un poco de mi alma. Si te atreves, estás invitado a leerlos.
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