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La alquimista - #AdvientoLiterup2018 (Muérdago)

Su mentora le trajo tres matojos de muérdago. Los agarró emocionada y corrió a encerrarse en sus aposentos: Era el ingrediente que le faltaba.

Separó, distraída, las hojas para la poción de amor, mientras pensaba en el conde. Qué apuesto era, ¡y qué fuerte! ¡Por fin vivirían juntos en la gran hacienda! Después machacó con rabia las tóxicas bayas para crear el veneno que acabaría con la condesa y le dejaría camino libre a la felicidad. Trabajó con ahínco en las recetas hasta bien entrada la madrugada, soñando con un prometedor futuro, ardiendo en deseos de besar esa boca perfecta. Exhausta, etiquetó los frascos y descansó.

Quizás fue la falta de sueño o su exceso de imaginación lo que le hizo tener el pequeño descuido que convirtió a la condesa en la viuda más rica del reino.

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Alquimia

Encontró el viejo libro dentro de un baúl en el desván abandonado. Nunca había visto nada parecido. No tenía título. La portada de piel estaba decorada por preciosas filigranas doradas. Lo abrió con cuidado y se maravilló por la cuidada caligrafía con la que estaba escrito. Eligió un párrafo cualquiera y leyó en voz alta. En la otra punta de la buhardilla, el gólem abrió los ojos.

Mal

El agente sujetaba con fuerza su arma mientras aguardaba el momento oportuno para entrar en el edificio. El corazón le palpitaba en la cabeza tan fuerte que era prácticamente lo único que escuchaba. De pronto vio como su compañero le hacia una seña, y sin pensárselo dos veces derribó la puerta de una patada. El subidón de adrenalina fue tan intenso que no le permitió percatarse de que algo iba mal: Mientras encañonaba a las figuras de ojos vacíos, a su espalda una presencia cruel, hostil y primigenia se relamía pensando en el exquisito momento que estaba a punto de disfrutar.

Pantallazo

Tecleaba compulsivamente como si sus ideas, claras en su mente, fueran a esfumarse en cualquier momento. Los comandos, las variables, los algoritmos: todo encajaba como un puzle perfecto.  De pronto la pantalla se congeló y su corazón dio un vuelco. Entonces un interrogante machacó su brillante cabeza: "¿Hacía cuanto que no guardaba?"