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El regalo


Todos los días pasaba por delante de la joyería camino al trabajo, y siempre se fijaba en los pendientes con diamantes que había en el escaparate. Le había dicho a su marido un montón de veces lo bonitos que eran. Por eso, cuando pasó el día de su cumpleaños y vio que no estaban, se volvió loca de la alegría. No se merecía a su marido, se había gastado un dineral en comprarlos.

Estuvo todo el día nerviosa, y al llegar la noche habían quedado para cenar fuera.

—Cariño —dijo él cuando estaban en los postres—, te he comprado un regalo.

Sacó una cajita pequeña del bolsillo.

—Eres un detallista —le dijo con el corazón desbocado. Abrió la cajita y vio dentro un anillo de plata. Cutre. Feo. Barato. Sonrió y continuó—, no deberías haberte molestado.

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Alquimia

Encontró el viejo libro dentro de un baúl en el desván abandonado. Nunca había visto nada parecido. No tenía título. La portada de piel estaba decorada por preciosas filigranas doradas. Lo abrió con cuidado y se maravilló por la cuidada caligrafía con la que estaba escrito. Eligió un párrafo cualquiera y leyó en voz alta. En la otra punta de la buhardilla, el gólem abrió los ojos.

Mal

El agente sujetaba con fuerza su arma mientras aguardaba el momento oportuno para entrar en el edificio. El corazón le palpitaba en la cabeza tan fuerte que era prácticamente lo único que escuchaba. De pronto vio como su compañero le hacia una seña, y sin pensárselo dos veces derribó la puerta de una patada. El subidón de adrenalina fue tan intenso que no le permitió percatarse de que algo iba mal: Mientras encañonaba a las figuras de ojos vacíos, a su espalda una presencia cruel, hostil y primigenia se relamía pensando en el exquisito momento que estaba a punto de disfrutar.

Pantallazo

Tecleaba compulsivamente como si sus ideas, claras en su mente, fueran a esfumarse en cualquier momento. Los comandos, las variables, los algoritmos: todo encajaba como un puzle perfecto.  De pronto la pantalla se congeló y su corazón dio un vuelco. Entonces un interrogante machacó su brillante cabeza: "¿Hacía cuanto que no guardaba?"