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Diario secreto

Abrió el diario con temor. Tenía mucha curiosidad, pero le aterraba lo que podría estar escrito. En el instante que leyó las primeras palabras se arrepintió de haber empezado. Lo cerró de golpe y volvió a dejarlo en su escondrijo. No sabía cuanto tiempo tendría esas imágenes presentes en sus pesadillas.

Crash

Nunca llegó a casa. No vio el otro coche, y ya no ve nada.

Escalera

Todos los días pasaba por el mismo pasillo, siempre le llamaba la atención la puerta semi abierta y aquellas escaleras. ¿A dónde le llevarían? Estaban en el último piso, ¿se podía subir más? Un día no aguantó y se coló en aquella habitación. Se arrepintió al instante: Nunca se imaginó que habría que subir para llegar al infierno.

Juegos infantiles

—Papá, papá, ¿puedo subir a jugar con la niña del desván? —Cariño, déjate de tonterías. Tengo mucho trabajo. —¿Pero puedo subir con ella? —¡Haz lo que quieras! ... —Un momento, yo ya no tengo hijos...

Laberinto

Estaba aturdido, casi no podía respirar. Con cada bocanada de aire se desataba un infierno en su pecho. Y eso no era lo peor. No quería reconocerlo, pero estaba perdido. Miró a ambos lados con desesperación. Todos los caminos le parecían iguales. Se dejó caer al suelo y comenzó a llorar. Ese laberinto sería su tumba.

Corazón mecánico

Todas las noches se apoyaba en su pecho, y el tic-tac de la maquinaria que lo mantenía con vida le arrullaba para conciliar el sueño. Esa noche le despertó el silencio.

Campanario viejo

Ya no quedaba nadie, la peste se los había llevado a todos. Era un pueblo fantasma. Y precisamente por eso, la campana de la iglesia repicaba todos los domingos.